Pedro Rivero: “Estar preseleccionado para los Oscars, junto a Pixar, ya es todo un triunfo”

El éxito más sonado del bilbaíno Pedro Rivero (1969) fue la mítica ‘La Crisis Carnívora’ (2007), la primera película española realizada en animación Flash para salas de cine, que pudo ser estrenada en su día con 85 copias de distribución. Ha sido también guionista de otros largometrajes y series de animación de TV, y ahora va camino de los Oscars de 2012 con el corto ‘Birdboy’.

¿Qué significa que ‘Birdboy’ está “preseleccionado” para los Oscars?
Para que un cortometraje pueda llegar a ser nominado a un Oscar, o bien se estrena comercialmente en Estados Unidos con una distribución mínima (un número determinao de salas, un número de días en un número de ciudades), o bien tiene que lograr un premio en alguno de los festivales internacionales que la Academia de Hollywood reconoce como “clasificatorios”. Estos vienen a ser unos sesenta, la mayoría de ellos en Estados Unidos, tanto para cortos de animación como para cortos de ficción o documentales. En España, sólo hay tres festivales que tienen esta condición: los de Gijón, Huesca y Bilbao.

A lo largo de un año, fruto de dichos premios una treintena de cortometrajes de animación pueden ser postulados para su consideración por los académicos de Hollywood. En el caso de ‘Birdboy’, al ganar el premio en el Foyle Film Festival de Irlanda, ya formamos parte de esa lista de “preclasificados”.

¿Cuáles son los plazos que le quedan ahora a ‘Birdboy’?
Probablemente se enviará una copia en 35mm a la Academia de Hollywood para que entre en los posteriores procesos de selección, ya dictados por los votos directos de los académicos.

¿Tenéis esperanzas en que ‘Birdboy’ llegue a la fase final?
Llegar a la lista de los diez prenominados es posible. Aún está abierta a producciones de todo tipo, y en esta última edición entró un cortometraje de un compañero alemán que también compitió con nosotros en el Foyle Festival de Irlanda. Pero formar parte de los cinco nominados finales es casi quimérico. Por ejemplo, “La Dama y la Muerte”, el cortometraje español que lo logró en 2010, tuvo una fuerte campaña de apoyo avalada por Antonio Banderas como productor. Pero nosotros, con un modesto trabajo en Flash sobre un pajarito toxicómano, difícilmente podemos pensar en llegar a una lista donde están presentes Pixar y otras producciones en 3D de gran presupuesto.

Siendo realistas, estar donde estamos gracias al premio en Irlanda ya es todo un triunfo, sobre todo viendo la enorme calidad de los cortometrajes de animación que se hacen por todo el mundo.

¿Tenéis pensado compartir ‘Birdboy’ en Internet?
Por el momento, no nos conviene subir ‘Birdboy’ a ninguna web. Muchos festivales, entre ellos el Foyle, imponen a los cortometrajes participantes la condición de que no estén disponibles libremente en Internet. Es verdad que ya no es como antes, que al no existir un circuito de distribución comercial, si un corto no lograba hacer una carrera destacada en festivales con premios y reconocimientos que diesen noticia de él, estaba abocado a su extinción.

Ahora Internet es la mayor plataforma para celebrar su vida, más allá de festivales o explotaciones comerciales. De hecho, hay innumerables cortometrajes o creaciones audiovisuales que son un éxito en Internet y no necesitan de ningún otro medio para que sus autores disfruten del crédito que les puede reportar. Pero en estos momentos para nosotros no sería suficiente.

¿Crees que los creadores corréis peligro en un escenario como Internet o ves mayores posibilidades?
Pensemos un poco en ello. La accesibilidad a este tipo de exhibición masiva en la red ha llegado casi en paralelo con la también revolucionaria mayor accesibilidad a las herramientas técnicas del audiovisual. El resultado más palpable es que hoy es infinitamente más sencillo poder realizar una creación audiovisual de bajo coste o coste cero, incluso por una sola persona, y divulgarla a voluntad sin intermediarios. El problema lo encontramos cuando esta llamada “democratización” de la creación audiovisual tiende a igualar los resultados relativizando por completo los procedimientos.

Me explico: si como usuario puedo acceder a encadenar en dos horas dos docenas de vídeos de parodias o de cualquier clase sin pagar más que mi línea telefónica, ¿por qué voy a querer pagar por ver una obra creada profesionalmente pero que tal vez no me resulte tan entretenida? Como usuario puedo igualarlo todo. Sin embargo, como creador puedo querer ir más allá de lo que puedo hacer con mi cámara aquí y ahora y aspirar a dedicar todo mi tiempo en procedimientos complejos que requieran una mínima profesionalización, es decir, que los que lo hagamos podamos vivir de ello, o al menos, subsistir mientras tanto.

En muchos casos, esa dedicación es posible gracias a las subvenciones públicas. Así pueden financiarse los cortometrajes y casi todo el cine español, aunque, contrariamente a lo que suele creerse, las subvenciones no lo cubren todo, sino que es muy frecuente que los creadores tengamos que poner de nuestro bolsillo para completar la financiación. Siendo así, es lógico que se pretenda algún tipo de recuperación.

Pero también es cierto que cuando la creatividad no ofrece recompensa pecuniaria, en el terreno de juego sólo quedan los verdaderamente vocacionales y desaparecen los advenedizos, que en el llamado mundo del cine y de la animación los hay en gran número. Sin dinero de por medio, quedarían muchos menos creadores, y puede que algunos verdaderamente valiosos se perdieran por mera imposibilidad material. Ése es el verdadero peligro del “todo gratis”. Pero ¿es excusa suficiente para sostener un sistema legal y de ayudas enfrentado contra una presuntamente mayoritaria opinión popular?

Coppola dijo que el día en que una niña gorda de Minnesota hiciera una obra maestra con su videocámara se acabaría esa tontería de la profesionalidad en el arte del cine. Tal vez ese día haya llegado y todos los que estamos en ello no seamos más que unos farsantes. Pero mientras sigamos conviviendo en una economía de libre mercado, que se pretenda que nuestros bienes productivos, nuestras obras, sean gratuitas en virtud de la libertad de expresión, para unos usuarios que nunca regalarían sus propios bienes me parece un argumento totalmente falsario.

¿Crees que en Bilbao hay gente con talento en el mundo de la animación?
Adocenados como estamos por la emotividad generalizada que causa en esta ciudad el Athletic de Bilbao, a priori pensaríamos que el talento sólo puede existir en proporción inversa a la cantidad de pares de ojos rojiblancos inyectados por la sangre del fútbol. Pero no es así. Hay mucha gente joven con un alto nivel de formación académica, profesional o autodidacta tanto para las industrias técnicas del audiovisual como para la animación, bien sea en su vertiente informatizada o en su rama de dibujo tradicional. Otra cuestión es si existen canales suficientes a través de los cuales puedan desarrollar trabajos de calidad verdaderamente creativos.

Por ejemplo, de mi generación los mayores talentos prácticamente se perdieron a causa de experimentos empresariales desmedidos y fracasados que dieron como resultado a docenas de dibujantes atados a compromisos hipotecarios a cuenta de la promesa truncada de una continuidad salarial. La mayoría de ellos hoy perviven como desilusionados ilustradores sin haber podido desarrollar una carrera más satisfactoria por haberse sometido durante años a una disciplina laboral de aspiraciones mediocres que aplastó sus mejores años.

Vamos, lo que le pasa a casi todo el mundo con cualquier trabajo. Mi impresión es que hoy en día los más jóvenes son más escépticos e independientes y tienen mayor facilidad de medios para poder profundizar en cualquier disciplina creativa… si quisieran hacerlo. Porque esa misma facilidad creo que también ocasiona un sistema de valores basado en obtener resultados más inmediatos erosionando la disciplina que se hace necesaria en cualquier materia para dominarla en cuerpo y alma, es decir, en su esencia.

Pedro Rivero (Birdboy) recoge uno de los premios

¿Crees que en Bilbao hay un caldo de cultivo (de gente que te puede ayudar) o ayudas públicas para una historia como la vuestra?
Como ya he señalado antes, las subvenciones no suelen cubrirlo todo, finalmente es necesaria una mínima formación empresarial para poder financiar adecuadamente una obra audiovisual con unos mínimos profesionales. Como en otros muchos negocios, esto favorece la colocación en primera línea de personas o entidades con capacidad de endeudamiento, más allá de sus cualidades como gestores creativos. Dinero llama a dinero. En la práctica esto pone a los creadores en manos de los muchas veces dudosos criterios de los llamados productores.

La necesidad política de generar un audiovisual propio alrededor de ETB generó en Euskadi un lobby de empresas productoras adscritas al poder cuya fortaleza ha aumentado tanto con el paso de los años que han resistido sin una sola grieta el tan temido advenimiento de la otrora oposición. Otro tanto ocurre con los trabajos audiovisuales encargados por instituciones de cualquier signo político. No es una novedad. También en el audiovisual la corrupción y las prebendas están generalizadas. Colaboracionismo y parasitismo, es el sino de nuestra raza. Y la política o el parentesco no son los únicos factores que desequilibran las subvenciones. Basta echar un vistazo a las ayudas otorgadas por Berdindu para constatar que hay otros lobbys participando de este juego.

Cuando eres realmente independiente todo es más difícil. El caldo de cultivo lo tienes en tu bolsillo. Y yo precisamente no me puedo quejar demasiado; a lo largo de mi carrera me han sido concedidas casi una decena de ayudas públicas aquí en Euskadi pero, sinceramente creo que se debe sólo al trabajo. Con todo lo dicho, a nadie le debe extrañar que haya realizado el cortometraje con animadores radicados en Barcelona y un estudio de sonido en Galicia.

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